Villa Dolores: La herencia maldita

12 Abril 2010

No se había cumplido la primera hora del 5 de marzo de 1981 cuando Juan Feliciano Manubens Calvet, un hombre mítico, de notable trayectoria, moría en la cama de una clínica privada de la ciudad de Villa Dolores, 190 kilómetros al oeste de la capital de la provincia.

El hombre que prácticamente desde la nada amasó una fortuna, que fue dos veces intendente de esa población y que además la representó en la Legislatura provincial, moría en soledad, a los 77 años.

Estaba solo y encadenado a su cama de la clínica, por una acusación de reducción a la servidumbre en perjuicio de sus peones de la gigantesca estancia Pinas, causa por la cual también estaba detenida Luisa Vera, la administradora del establecimiento.

Manubens Calvet estaba solo, pero no olvidado. Al menos no lo había olvidado un numeroso grupo de sobrinos y sobrinos nietos que a pocas horas de su muerte, ese mismo día, se presentaron ante los Tribunales de Villa Dolores para iniciar la declaratoria de herederos de su difunto tío. Es decir, para que la Justicia les reconozca el derecho a una porción de la herencia millonaria.

Como una catarata, esa misma gestión fue cumplida luego por el resto de los sobrinos y sobrinos nietos, como para que nadie quedara sin su parte.

En aquellos momentos, los más pesimistas imaginaban que, en el peor de los casos, la pelea central sería con Margarita Woodhouse, la mujer que durante largos años fue la compañera de Manubens Calvet.

Aunque no estaba casada con Manubens Calvet, se suponía que la mujer reclamaría, como efectivamente pasó, una parte importante de la herencia, como socia de hecho del extinto.

Comenzaba a disputarse así un proceso judicial que ni el más visionario podía, por entonces, imaginar que superaría con largueza las dos décadas de trámites interminables.

Fuente: infodia

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